Reflexiones sobre Flipped Classroom

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En primer lugar destacaría lo arriesgado de algunos aspectos de este método pedagógico al transferir el trabajo de determinados procesos de aprendizaje a fuera del aula. Sobre todo por cómo llegar a implicar al alumnado y sus familias menos motivados en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Si se llega a producir esa implicación mayoritaria del alumnado, mis dudas se dirigirían a conseguir construir un hábito en el uso de este método por parte de todos, docentes, alumnado y familias.

Por parte del docente la multiplicación del trabajo es indudable, aunque se recurra a materiales compartidos. La creación o la búsqueda de material, el análisis estadístico de su uso por parte del alumnado y la preparación de las sesiones puede que se resientan con el paso del tiempo.

En cuanto al alumnado, es innegable la dificultad que acarrea implicar, aunque sea a través de este método, a alumnos/as con actitudes pasivas o pasotas.

Y por último, habrá familias que se sientan esperanzadas por la eficacia del mismo pero en contra, nos encontraremos diferentes reticencias: dudas en tener que emplear más tiempo en controlar que su hijo/a está realmente llevando a cabo la tarea asignada o incluso encontrarnos una oposición frontal al método.

Contra todos estos prejuicios hay multitud de argumentos:
- Gradualidad: introducir el método muy poco a poco. Quizá su efectividad a corto plazo sea menor pero el contacto a pequeña escala permite ajustar dinámicas, tiempos, etc. por parte del docente y adaptación sin rechazo por parte del alumnado.
- Aprovechamiento de las sesiones: para reforzar la comprensión de los contenidos.
- Flexibilidad: de acceso a los contenidos del alumnado.
- Implicación del alumnado en la construcción del conocimiento.
- Uso de las sesiones para aspectos reflexivos, de aprendizaje cooperativo y crítica constructiva.



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